domingo, 18 de octubre de 2026

EL OCÉANO PROFUNDO

Texto: Mónica Alonso Ruiz

Bajo la superficie marina bañada por el sol, donde la luz se rinde ante un azul cada vez más oscuro, comienza el reino más inexplorado de nuestro planeta. El océano profundo no es solo una masa de agua, sino un abismo de silencio donde las temperaturas son gélidas y la oscuridad es absoluta. A miles de metros de profundidad, en un mundo regido por presiones aplastantes, la vida no solo sobrevive, sino que desafía nuestra comprensión de la biología. Es nuestra última gran frontera hacia un lugar que guarda más secretos sobre el origen de la vida que las estrellas más lejanas de nuestra galaxia.

El fondo marino y las zonas del océano en función de la luz solar y la profundidad

La superficie de la Tierra es irregular y “ondulada” porque la masa sólida del planeta está en constante movimiento: las placas tectónicas se desplazan, se producen volcanes que forman montañas y la erosión va desgastando el terreno. Todo eso hace que aparezcan montañas, llanuras, fondos profundos y otros relieves. En general, podemos dividir la superficie del planeta en dos partes: la continental, que son los continentes y zonas de tierra firme, y la oceánica, que corresponde a la superficie terrestre bajo el agua de los océanos, el fondo del mar o lecho marino.

El lecho marino no es una llanura plana, sino un relieve tan complejo y accidentado como cualquier continente y se pueden encontrar cordilleras volcánicas llamadas dorsales oceánicas, llanuras inmensas y profundas fosas que se hunden kilómetros hacia el manto terrestre.

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Cartografía de los fondos marinos. Fuente: Gisandbeers

Junto a la costa encontramos la plataforma continental, una zona de poca profundidad (menos de 200 metros) que rodea a los continentes y donde la luz solar permite que en esas aguas oceánicas más superficiales se hable de la zona fótica, el área más productiva y rica en biodiversidad y recursos del océano.

En el límite de la plataforma, el terreno desciende abruptamente a través del talud continental, una vertiginosa rampa que marca el límite geológico de los continentes. En esta bajada atravesamos la zona mesopelágica o de penumbra (hasta los 1.000 metros) y la zona batial o batipelágica (hasta los 4.000 metros), donde la luz solar se desvanece. Al final de este escalón se encuentran las llanuras abisales, enormes extensiones planas situadas en la zona abisal que pueden llegar hasta los 6.000 metros de profundidad.

Por último, el relieve submarino se completa con las fosas oceánicas, que son trincheras estrechas formadas por el choque de dos placas tectónicas y hundimiento de una de ellas bajo la otra. En estos lugares se alcanza la zona hadal, la región más profunda del planeta, que se extiende desde los 6.000 hasta los 11.000 metros.

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Las zonas del océano según su profundidad. Fuente: 20minutos. Autor: Henar de Pedro

El punto más profundo del océano es el Abismo Challenger, ubicado en la Fosa de las Marianas, en el océano Pacífico occidental, donde, según mediciones recientes, se alcanzan profundidades aproximadas de 10.900–11.000 metros.

El abismo oceánico

Se puede decir que hay dos océanos, uno superficial, al que llega la luz solar, y el océano profundo, aquel que se extiende a partir de los 200 metros de profundidad, que es el punto crítico donde la luz del sol se apaga definitivamente. Al cruzar este umbral el ecosistema pasa a tener unas condiciones extremas para la vida.

El océano profundo crea un entorno radicalmente distinto al de la superficie. Allí la presión, producida por el peso de la columna de agua desde la superficie es el factor más determinante, aumentando una atmósfera por cada diez metros de descenso y alcanzando niveles extremos en abismos como la Fosa de las Marianas, donde la presión supera mil veces la presión atmosférica habitual.

En este reino de tinieblas, la temperatura se mantiene constante entre los 1 y 4 °C, un frío casi gélido debido a la nula incidencia solar y a una escasa mezcla con las corrientes superficiales. Esta falta de luz hace imposible la fotosíntesis, obligando a los organismos a depender de la "nieve marina", materia orgánica que desciende desde arriba, o de la quimiosíntesis en fuentes hidrotermales para obtener energía.

Debido a que el agua es muy fría y salada, se vuelve más pesada y densa, lo que provoca que el océano profundo se estratifique, es decir, que se organice en diversas capas superpuestas. Estas capas son tan estables que funcionan como niveles aislados, impidiendo casi por completo que el agua se mezcle de una a otra.

A pesar de lo enorme que es, el océano profundo sigue siendo uno de los lugares menos conocidos del planeta. Más del 80 % del océano aún no se ha explorado, y solo hemos observado alrededor del 0,01 % del fondo marino profundo. Esto significa que sabemos muy poco sobre lo que ocurre allí abajo, donde podrían existir especies y procesos que todavía no hemos descubierto.

Y, sin embargo, el océano profundo es muy importante para mantener el clima de la Tierra. Funciona como un gran regulador natural porque absorbe casi el 90 % del exceso de calor producido por las actividades humanas y alrededor del 30 % del CO₂ que emitimos a la atmósfera. Gracias a esto, actúa como un enorme amortiguador que ayuda a frenar el cambio climático y a mantener la temperatura del planeta más estable.

Fauna del abismo marino y sus adaptaciones

La fauna del océano profundo es muy diversa, aunque viva en uno de los ambientes más extremos del planeta. Para sobrevivir en estas zonas tan oscuras y frías, las especies han desarrollado adaptaciones sorprendentes.

Una de las más llamativas es la bioluminiscencia, la capacidad de producir luz propia mediante reacciones químicas internas. Esta luz generada les sirve para atraer presas, defenderse, comunicarse o camuflarse en la oscuridad. Gracias a ella, muchos animales pueden orientarse y relacionarse en un lugar donde la luz solar no llega.

Criaturas abisales del libro de Claire Nouvian The Deep: The Extraordinary Creatures of the Abyss

Otra adaptación importante son los cuerpos gelatinosos o muy flexibles, que soportan sin problemas la enorme presión de las profundidades. Al no tener cavidades llenas de aire ni estructuras rígidas que puedan romperse, estas criaturas mantienen su forma incluso a varios miles de metros bajo el mar. Además, este tipo de estructuras consumen poca energía y facilitan la flotabilidad, algo muy útil en un entorno donde la comida escasea.

La falta de alimento también ha llevado a muchas especies a desarrollar un metabolismo muy lento, lo que les permite gastar la mínima energía posible y pueden sobrevivir largos periodos sin comer. Además, muchas de estas criaturas tienen vidas extraordinariamente largas, algo que les ayuda a tener más oportunidades de reproducirse en un lugar donde los encuentros entre individuos son poco frecuentes.

Los animales del océano profundo también cuentan con sentidos muy desarrollados que compensan la ausencia de luz. Algunos poseen quimiorreceptores para detectar sustancias en el agua y localizar alimento o evitar peligros. Otros tienen una gran sensibilidad a las vibraciones, lo que les permite percibir movimientos a distancia, una ventaja clave cuando encontrar comida es raro y cualquier señal puede significar supervivencia.

Entre las especies más representativas se encuentran los peces abisales, con sus enormes bocas y cuerpos translúcidos; los misteriosos calamares gigantes; o las estrellas y pepinos de mar que habitan las llanuras abisales.

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El libro The Deep: The Extraordinary Creatures of the Abyss, de Calire Nouvian es una recopilación, de muchos científicos diferentes, las doscientas imágenes de fauna abisal, de las profundidades más desconocidas de la Tierra, encontró una visión general que no había existido hasta ahora y que ninguno de los científicos había conocido en su totalidad. Algunos de estos animales solo han sido vistos una o dos veces.

De izquierda a derecha: Caulophryne jordani (diablo marino con aletas en abanico), Marrus orthocanna y Grimpoteuthis, o ‘pulpo Dumbo’. Fuente: “The Deep: The Extraordinary Creatures of the Abyss” de Claire Nouvian / Monterey Bay Aquarium Research Institute.”

Un pez dragon. Fuente: “The Deep: The Extraordinary Creatures of the Abyss” de Claire Nouvian.

Uno de los lugares más sorprendentes del océano profundo son las fuentes hidrotermales, auténticos oasis de vida en medio de la oscuridad absoluta. En estos puntos, chorros de agua caliente y cargada de minerales sostienen ecosistemas completos sin necesidad de luz solar. La vida que prospera allí, alimentada por bacterias quimiosintéticas, se considera un posible modelo de cómo podría existir vida en otros lugares fuera del planeta.

Una comunidad de gusanos de tubo crece en la cima de un montículo de lava cerca de una fuente hidrotermal del Golfo de California. Los grandes gusanos en esta imagen miden aproximadamente 1.5 metros de largo. Fuente: National Geographic España

Estudios recientes han revelado que las criaturas abisales no viven aisladas, como se pensaba antes. Muchas están conectadas a través de corrientes marinas que transportan nutrientes, restos orgánicos y larvas a grandes distancias. Gracias a estas conexiones, el océano profundo funciona como un gran sistema global, donde lo que ocurre en una zona puede afectar a otras muy lejanas. Esto ha cambiado la visión científica sobre la vida abisal y demuestra que, incluso en un lugar tan remoto, las especies están estrechamente relacionadas.

La nieve marina y el sumidero de carbono

Vivir en las profundidades del océano es un gran desafío. Allí la luz no llega y la comida es escasa. Aun así, muchos organismos han encontrado la manera de sobrevivir gracias a recursos que provienen de la superficie. Uno de los más importantes es la nieve marina, un suministro constante de materia orgánica que cae lentamente hacia el fondo y que actúa como el principal alimento de muchas especies abisales.

La nieve marina está formada por pequeñas partículas que se originan en la zona iluminada del océano (zona fótica), donde el fitoplancton y otros organismos realizan la fotosíntesis. Cuando mueren o liberan restos, generan diminutas fracciones de algas, detritos, mucus y otros materiales biológicos. Poco a poco, estas partículas se aglutinan, formando copos más grandes que comienzan a hundirse de manera continua, día y noche, como una nevada lenta bajo el mar.

nieve marina

La nieve marina cae al fondo marino frente al Golfo de México. PROGRAMA NOAA OKEANOS EXPLORER, Expedición Golfo de México 2012

Este proceso es vital para la vida en las zonas profundas porque permite llevar la energía de la superficie hasta los lugares más oscuros y profundos del océano. Animales filtradores, carroñeros y algunos depredadores dependen de este flujo constante de nutrientes para poder alimentarse.

La nieve marina también juega un papel clave en el ciclo global del carbono. Cuando las partículas orgánicas formadas en la superficie comienzan a descender, transportan consigo el carbono que las algas y otros organismos incorporaron durante la fotosíntesis. Una parte de esta materia es consumida a lo largo del camino, pero otra llega al fondo y queda almacenada durante siglos o incluso milenios. Este proceso, conocido como bomba biológica de carbono, actúa como un mecanismo natural que retira CO₂ de la atmósfera y lo envía a zonas donde queda fuera de circulación durante mucho tiempo.

Esquema de la bomba biológica de carbono. Fuente: NOAA

Gracias a este transporte continuo de materia, el océano se ha convertido en el mayor sumidero de carbono del planeta, absorbiendo enormes cantidades de CO₂ que de otro modo permanecerían en la atmósfera y contribuirían al calentamiento global. Sin este proceso, la concentración de CO₂ atmosférico sería mucho mayor, y el clima de la Tierra sería muy diferente. Por ello, la nieve marina no solo sostiene la vida en el abismo, sino que también ayuda a regular el clima global.

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El tiburón de Groenlandia: un viajero inesperado del océano profundo

El tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus) es uno de los habitantes más enigmáticos del océano profundo y es un experto en sobrevivir en el abismo. Vive normalmente en las aguas frías del Ártico y del Atlántico Norte, donde se desplaza lentamente y tiene un metabolismo extremadamente lento, lo que le permite alcanzar algunos de los récords más sorprendentes del reino animal: puede vivir entre 250 y 500 años, por lo que es el vertebrado más longevo conocido.

En los últimos años se han encontrado tiburones de Groenlandia muy lejos del Ártico. En 2013, los científicos capturaron uno en el Golfo de México, a casi 1.800 metros de profundidad y en aguas de unos 4 °C. Más tarde, en 2023, otro ejemplar apareció en el Caribe, frente a Belice, a profundidades muy frías y oscuras donde puede vivir sin problemas. Estos hallazgos han reforzado la idea de que estos tiburones pueden moverse por distintas cuencas oceánicas siguiendo las profundidades adecuadas, ya que, a varios miles de metros, la temperatura y la falta de luz son muy parecidas tanto en los polos como en zonas tropicales.

Recreación de un tiburón de Groenlandia en aguas profundas. Fuente: National Geographic España

La idea de que los tiburones dormilones (la familia a la que pertenece el tiburón de Groenlandia, los Somniosidae) pueden distribuirse por todos los océanos del planeta parece que se confirma con un descubrimiento reciente: en enero de 2026, una cámara de investigación grabó por primera vez en la historia un tiburón dormilón (probablemente Somniosus pacificus o un pariente cercano) en el océano Antártico, a unos 500 metros de profundidad.

Pez nadando en el mar

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Investigadores de la Universidad de Australia Occidental lograron captar, por primera vez, imágenes de un tiburón dormilón nadando en las gélidas aguas de la península Antártica. Fuente: https://apnews.com/

Este reciente descubrimiento resulta sorprendente porque hasta ahora se creía que ningún tiburón podía vivir en un entorno tan frío y aislado. Aunque sus parientes habitan el Ártico, la Antártida presenta temperaturas aún más extremas y está rodeada por una fuerte corriente que dificulta la llegada de nuevas especies. Por eso, registrar por primera vez a un tiburón dormilón en la región está cambiando la idea de que estos animales no podían sobrevivir allí, y mostró que son más resistentes y adaptables de lo que se pensaba.

Estos descubrimientos refuerzan la idea de que, en las profundidades del océano, donde no llega la luz del sol y las masas de agua están estratificadas, las condiciones de temperatura son sorprendentemente similares en todo el planeta. Por eso, especies como los dormilones pueden encontrarse tanto en los polos como en el Caribe o la Antártida, siempre y cuando dispongan de aguas profundas, frías y estables. Y ello es aplicable a otro tipo de fauna marina, reforzándose la idea de que las especies abisales están mucho más interconectadas a lo largo del planeta de lo que se creía hasta ahora.

La exploración del océano profundo nos ayuda a comprender su importancia científica y tecnológica

La exploración del océano profundo es uno de los mayores retos científicos de nuestro tiempo, debido fundamentalmente a sus condiciones extremas de presión y a la falta de luz solar. Aunque los seres humanos han llegado a la Luna y enviado sondas más allá del sistema solar, todavía conocemos muy poco sobre lo que ocurre en las profundidades marinas.

A lo largo de las últimas décadas, el desarrollo de vehículos especializados, como los sumergibles tripulados y los robots operados a distancia, ha permitido a los científicos observar directamente criaturas abisales, tomar muestras del lecho marino y estudiar las fuentes hidrotermales o los ecosistemas que prosperan sin luz solar.

El vehículo remoto Deep Discoverer atraviesa un campo de coral vivo y amarillo del género Eguchipsammia, que crece sobre restos de coral muerto observados durante gran parte de la Inmersión 01 de la segunda expedición Voyage to the Ridge 2022.Fuente: NOAA

La exploración también ha demostrado que el océano profundo desempeña un papel fundamental en el funcionamiento de la Tierra. El estudio de sus corrientes, sedimentos y ciclos químicos ayuda a comprender cómo se regula el clima global y cómo se almacena el carbono en el fondo marino. Además, el análisis de las comunidades microbianas y de los minerales que se encuentran allí podría tener aplicaciones en biotecnología, medicina y energías alternativas.

A pesar de los avances, queda un largo camino por recorrer porque la mayor parte del fondo marino sigue sin cartografiar y muchas especies continúan siendo desconocidas. La exploración del océano profundo no solo debe buscar descubrir nuevos paisajes y formas de vida, sino también entender mejor nuestro planeta y proteger un entorno tan frágil como imprescindible.

Referencias:

El fondo marino y las zonas del océano en función de la luz solar y la profundidad:

Instituto Oceanográfico Woods Hole / BCN Chile (2025): obtienearchivo

PROFUNDIDADES – Agua.org.mx (2024): PROFUNDIDADES

Zonas y Profundidades del Océano — GEOenciclopedia (2025):Zonas y Profundidades del Océano

Zonas oceánicas | CK-12 Foundation

Océano mundial - Wikipedia, la enciclopedia libre

Zonas del océano: densidad y profundidad - Fundación Aquae

https://www.gisandbeers.com/cartografia-de-fondos-oceanicos-de-marie-tharp/

https://oceanexplorer.noaa.gov/ocean-fact/deep-ocean/#:~:text=These%20depths%20are%20also%20subject,typically%20deeper%20than%20200%20meters.

El abismo marino:

NOAA Ocean Exploration (Gobierno de EE. UU.): Homepage - NOAA Ocean Exploration

Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI): Abyssal Zone - Woods Hole Oceanographic Institution

Deep Sea Biodiversity and Conservation Collection — Nature Scientific Reports (2024): s41598-024-77742-7.pdf Britannica — “Abyssal Zone: Deep Sea Ecology, Geology & Exploration: Abyssal zone | Deep Sea Ecology, Geology & Exploration | Britannica

La nieve marina:

https://www.icm.csic.es/es/noticia/la-nieve-marina-una-nieve-poco-navidena

Dinámica física de la nieve marina (Universidad Brown, PNAS 2025): New research uncovers surprising physics of ‘marine snow’ | Brown University

Morfología y velocidad de hundimiento (Biogeosciences, 2025): BG - Marine snow morphology drives sinking and attenuation in the ocean interior

Física inesperada detrás de la nieve marina (Scienmag, 2025): Groundbreaking Study Reveals Unexpected Physics Behind ‘Marine Snow’

Papel de la nieve marina en el ciclo del carbono (Global Biogeochemical Cycles, 2025): Storms reveal how marine snow shapes carbon flow in the deep ocean

Nieve marina y secuestro de carbono (Science, 2025): Recent Study Reveals How Marine Snow Impacts Carbon Sequestration in the Ocean - Rutgers Climate and Energy Institute (RCEI)

Bomba biológica de carbono: https://www.aoml.noaa.gov/es/a-collaborative-effort-deploying-sediment-traps/

Tiburones dormilones:

Greenland shark - Wikipedia

Deep-C Scientists Capture First Greenland Shark in the Gulf of Mexico - Deep-C Consortium

Mysterious Arctic Shark Got Lost, Ended up in the Caribbean: Scientists - Business Insider

Rarely Glimpsed Shark That Lives For Centuries Unexpectedly Surfaces in Caribbean : ScienceAlert

Un tiburón aparece donde se creía que no existía

Shark discovered in Antarctic waters has survival superpowers | National Geographic

Surprise shark sighting in Antarctica’s near-freezing deep | AP News

 


jueves, 30 de julio de 2026

CÓMO FUNCIONA EL OCÉANO

 

Cómo funciona el océano

Hace poco descubrí a Helen Czerski y su libro “Blue machine: cómo funciona el océano”. Su manera de contar las cosas me encantó y por ello en este artículo quiero compartir algunas de las ideas interesantes de su libro.

Portada del libro Blue Machine de Helen Czerski. La versión en español sale en España en abril de 2026

 

Helen Czerski es una física y oceanógrafa británica que combina su trabajo científico con una gran habilidad para explicar la ciencia al público. Participa en expediciones, bucea y trabaja en barcos de investigación. Además, es una divulgadora muy reconocida en el Reino Unido gracias a sus colaboraciones con la BBC y a sus columnas en medios como BBC Science Focus Magazine y The Wall Street Journal. También es autora de libros de divulgación como Storm in a Teacup (Tormenta en una taza de té) y Blue Machine: How the Ocean Works (Máquina azul: cómo funciona el océano).

Helen Czerski. Fuente: https://www.helenczerski.net/

En su libro Blue Machine, Czerski propone su gran teoría: El océano funciona como una gran máquina planetaria, movida por la energía del Sol. Sus aguas, en constante movimiento, regulan el clima y distribuyen energía. Gracias a factores como la temperatura, la salinidad y la rotación terrestre, se generan corrientes y cascadas submarinas que transportan nutrientes esenciales. Este proceso garantiza la supervivencia de todos los organismos, desde el plancton hasta los grandes mamíferos y los seres humanos.

La imagen de la Tierra desde el espacio y el telescopio oceánico

Blue Machine comienza con una imagen icónica: la fotografía “Blue Marble” (Canica azul), tomada en 1972 durante la misión Apolo 17. Fue la primera imagen totalmente iluminada de la Tierra, en la que se veía claramente un PLANETA AZUL dominado por el océano.

The Blue Marble

La icónica foto "Blue Marble” es la primera imagen a todo color de la Tierra completa. Fue tomada por la tripulación de la misión Apolo 17 el 7 de diciembre de 1972

Esta imagen permitió que, por primera vez, la humanidad viera la Tierra como un ente único. Sin embargo, esa nueva perspectiva nos mostraba una paradoja: aunque ya éramos capaces de observar el planeta desde el espacio, todavía no éramos capaces de entender bien el océano que cubría la mayor parte de su superficie.

Para estudiar el océano, la autora confiesa que desearía tener un instrumento parecido a un telescopio, pero dirigido al mar: algo que permitiera ver de una sola vez sus movimientos, patrones y conexiones. Un telescopio enfocado al cielo nos muestra no solo estrellas sueltas, sino estructuras completas como galaxias o corrientes de gas, lo cual permite un análisis más completo del cosmos. Esa visión global es justo lo que falta en el estudio del océano.

Sería estupendo tener un telescopio oceánico para conocer mejor su funcionamiento. Creado con Copilot

El problema es que el océano es más opaco que el espacio, así que no puede observarse de manera directa y continua. Lo investigamos con boyas, barcos, satélites y mediciones locales, pero estos instrumentos solo nos proporcionan datos puntuales y no permiten entender fácilmente el sistema oceánico como un conjunto. A diferencia del cielo, no podemos “mirar” el océano y tratar de comprender cómo funciona.

Con esta comparación, Helen no habla de conseguir un instrumento real, sino de una “manera nueva” de mirar el océano que nos ayude a entenderlo como un sistema físico que mueve energía y cambia constantemente. Su objetivo, y también el de su libro, es construir ese “telescopio oceánico” mental que, gracias a la física, nos permita imaginar cómo funciona el océano en cada momento, del mismo modo que podemos imaginar lo que ocurre en el cosmos.

La ciencia nos lo explica todo

Gracias a esta nueva forma de mirar el océano desde la ciencia entendemos que el agua, en forma de hielo, líquido o vapor, es el motor del planeta. Cada estado cumple una función dentro de esta “máquina azul”: el hielo refleja la luz del Sol y ayuda a regular la temperatura, el agua líquida mueve calor y nutrientes por los océanos, y el vapor transporta energía por la atmósfera y participa en la formación del tiempo atmosférico y del clima. Cuando el agua cambia de un estado a otro se activan procesos como las corrientes marinas y las tormentas, que caracterizan el clima y hacen posible la vida.

Un aspecto clave de este sistema es el intercambio constante de gases entre la superficie del océano y la atmósfera. El mar actúa como un gran depósito de oxígeno, nitrógeno y dióxido de carbono, que pasan del agua al aire y viceversa. Este intercambio depende del viento, de las olas, de la temperatura y de la salinidad del agua. Gracias a ello, el océano puede absorber CO₂ o liberar otros gases según cambian las condiciones, convirtiendo su superficie en una zona muy activa.

La interacción de la atmósfera con los océanos

Procesos que tienen lugar en la atmósfera, los océanos y el hielo marino, así como las distintas interacciones que tienen lugar entre ellos. FUENTE: https://www.encyclopedie-environnement.org/en/home/

En las regiones frías, como el mar del Labrador, el agua superficial se enfría, aumenta su densidad y se hunde, llevando oxígeno hacia las profundidades y conectando la superficie con la circulación global del océano. En las zonas cálidas ocurre lo contrario: la evaporación transforma el agua en vapor, que transporta energía por la atmósfera y contribuye a la formación de nubes, lluvias y grandes sistemas meteorológicos.

Ver el océano desde esta perspectiva más completa también nos ayuda a revisar algunas ideas muy difundidas que no siempre son exactas. Un ejemplo es la frase “el océano nos proporciona una de cada dos bocanadas de aire que respiramos”. Aunque sirve para destacar la importancia del fitoplancton, no refleja cómo funciona realmente el oxígeno en el planeta.

El oxígeno no “viene” directamente del mar o de un lugar concreto: en realidad la atmósfera es un gran depósito de una mezcla de gases, y el aire que respiramos hoy puede llevar cientos o miles de años circulando. No dependemos de la producción diaria, sino del enorme almacén acumulado a lo largo del tiempo.

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La formación de la atmósfera. Fuente: https://www.eafit.edu.co/

Es cierto que alrededor del 50 % del oxígeno producido cada año por fotosíntesis proviene del océano, sobre todo del fitoplancton, pero la mayor parte del oxígeno que respiramos es muy antigua. Se acumuló durante millones de años, hasta crear una atmósfera apta para la vida.

El océano es esencial en el ciclo del oxígeno y en el funcionamiento del planeta, pero no produce literalmente la mitad del aire que respiramos hoy: ese oxígeno ya estaba en la atmósfera desde hace muchísimo tiempo.

Los navegantes que comprendían el océano

El océano es un sistema dinámico que recibe energía del Sol, está influido por la rotación de la Tierra, por el viento, por la atracción gravitatoria de la Luna y del propio Sol (produciendo las mareas), y por los cambios de temperatura y salinidad que alteran la densidad del agua. Estos factores mantienen el agua en movimiento continuo.

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El movimiento del océano y los factores que contribuyen. Imagen creada con IA

Las corrientes oceánicas son el ejemplo más claro de ese dinamismo: funcionan como un sistema circulatorio que transporta calor, nutrientes y energía entre los trópicos y los polos. Se generan por diferencias de temperatura y salinidad, por la acción del viento y por la rotación terrestre, y juntas forman una red global que regula el clima y sostiene la vida marina.

Las olas son otro tipo de movimiento más superficial del océano, causado por la transferencia de energía del viento al agua. Aunque no trasladan grandes volúmenes de agua de un sitio a otro, pueden recorrer enormes distancias y modificar la superficie del océano, facilitando la mezcla, el intercambio de gases y muchos procesos químicos esenciales.

Históricamente, los navegantes han dependido de la observación de las condiciones del océano, las corrientes y las olas, para orientarse en un entorno tan diferente al terrestre. Los primeros marinos carecían de conocimientos de física o instrumentos que les ayudaran a interpretar el mar. Navegar podía parecer una locura por lo impredecible y peligroso del océano, y, sin embargo, algunos aprendieron a observarlo con atención, identificaron patrones de funcionamiento, y utilizaron esas intuiciones para viajar, explorar y encontrar nuevas oportunidades de vida en otros lugares.

Los pueblos polinesios fueron grandes exploradores del Pacífico entre el 1000 a. C. y el 1200 d. C. Recorrieron distancias enormes en embarcaciones muy sencillas para comerciar y colonizar nuevas tierras, recorriendo casi todo el Triángulo Polinésico: Hawái, Nueva Zelanda e Isla de Pascua. No navegaban “a ciegas”, sino que sabían leer el mar. Entendían que se comportaba siguiendo reglas físicas coherentes: las olas de fondo creadas por tormentas lejanas mantenían su dirección durante miles de kilómetros, incluso si cambiaba el viento local. Reconocían estos distintos trenes de olas y podían identificar su procedencia.

El triángulo polinésico. Fuente: https://globeland.es/tres-joyas-en-el-oceano-pacifico/

También detectaban islas que aún no veían. Una masa de tierra altera las pautas de las olas, reflejando unas, frenando otras y creando zonas de sombra e interferencias. Los polinesios percibían estas señales a través del balanceo de la embarcación, la cadencia del oleaje y pequeñas vibraciones, construyendo un mapa mental de oleajes típicos. En lugar de un norte magnético, seguían un “mapa” formado por este conjunto de reglas y señales, que les servía de referencia para mantener rutas estables entre islas muy lejanas. Para ellos, el océano no era un caos, sino algo ordenado y legible; navegar era “escuchar” cómo funcionaba.

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Canoas de vela tahitianas. Fuente: wikipedia

Los vikingos (siglos VIII‑XI) son otro ejemplo de grandes navegantes. Viajaron por gran parte de Europa y llegaron a Islandia, Groenlandia y América del Norte. Durante mucho tiempo se pensó que usaban instrumentos secretos, pero su verdadero talento era, igual que los polinesios, leer el mar y el cielo. No necesitaban tecnología avanzada porque conocían las reglas estables del océano: vientos dominantes, corrientes habituales, movimientos de las olas, trayectorias solares previsibles y señales de nubes y luz.

Imagen que contiene agua, pájaro, tabla, barco

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Un drakkar, barco vikingo del siglo VIII, alejándose de los fiordos noruegos para iniciar una travesía de altura. Fuente: https://historia-maritima.blogspot.com/2012/01/los-vikingos.html

Su objetivo no era saber su posición exacta, como hacemos con un GPS, sino mantenerse en la dirección adecuada. En rutas como la de Noruega a Groenlandia seguían una latitud aproximada usando el Sol y aceptaban pequeñas desviaciones, confiando en que la dinámica del océano los devolvería al rumbo correcto.

El Sol era su referencia principal: su altura marca la latitud y su recorrido anual es predecible. Eran capaces de deducir su posición incluso con nubes, por la claridad del cielo o las sombras. Probablemente usaban un compás solar, un disco con una varilla para seguir la dirección mediante la sombra del mediodía. Los relatos antiguos mencionan la “piedra solar”, quizá calcita, que permite localizar el Sol en días nublados gracias a la polarización de la luz, aunque esta herramienta era solo una ayuda complementaria.

Además, los vikingos observaban la forma, el ritmo y la dirección de las olas, identificaban corrientes típicas y relacionaban viento, mar y nubes para ajustar continuamente su rumbo. Su éxito no se basaba en dominar el mar, sino en entenderlo y adaptarse a él.

En definitiva, estos hábiles navegantes demostraron que el océano no es un caos, sino algo ordenado, lleno de señales que pueden interpretarse. Esto nos demuestra que desde mucho antes de la ciencia moderna ya había pueblos capaces de interpretar la “máquina azul” y de desplazarse gracias a su dinámica, convirtiendo el océano en un aliado en lugar de un enemigo.

Mensajeros, pasajeros y viajeros del océano

El océano no es solo agua con organismos dentro: es un entorno dinámico en el que unas cosas transportan información, otras son transportadas, y algunas se mueven activamente dentro de todo el conjunto. Esta distinción ayuda a entender cómo el océano conecta lugares lejanos y cómo los procesos físicos sostienen la vida.

Imagen que contiene Mapa

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Mensajeros, pasajeros y viajeros. Imagen creada con IA.

Los mensajeros del océano son señales físicas, como las olas, la luz, el sonido, los cambios de temperatura y presión, y las corrientes a gran escala. Transmiten información sobre tormentas lejanas, presencia de tierra, profundidad, estructura del océano, cambios climáticos. No son seres vivos, pero llevan información de un punto del sistema a otro. Un ejemplo de mensajero son las olas de fondo que pueden viajar miles de kilómetros desde una tormenta sin perder su dirección.

Los pasajeros del océano son organismos o materiales que se mueven porque el océano se mueve, no porque ellos decidan ir en una dirección concreta. Viajan con las corrientes, los remolinos o por las capas de agua. El plancton, las larvas marinas, los microorganismos, los nutrientes o las partículas de carbono son los pasajeros del océano. Este movimiento de pasajeros en los océanos determina dónde hay vida, dónde hay productividad biológica y cómo se distribuye el carbono y el oxígeno en la masa oceánica.

Un ejemplo de pasajero es el plancton, que es el conjunto de organismos diminutos que sostiene casi todas las cadenas alimentarias marinas. Su movimiento depende completamente de la física del océano y a su vez, condiciona la distribución de vida en el océano. La conclusión más importante es que: Gran parte de la vida marina existe porque el océano la transporta.

Los viajeros del océano son seres vivos que se mueven activamente, pero no lo hacen al margen del sistema, sino aprovechándolo. Son viajeros las tortugas marinas, las ballenas, los tiburones, los peces migratorios, las aves marinas, y también los humanos. Usan las corrientes para ahorrar energía, siguen diferencias de temperatura, y se orientan con señales físicas del océano. No luchan contra el sistema: viajan dentro de él.

Por ejemplo, las ballenas aprovechan corrientes y rutas oceánicas estables para recorrer miles de kilómetros reduciendo su gasto energético.

Y esto mismo es lo que utilizaban los antiguos navegantes con gran éxito, porque intuían que viajar en el océano implica entender sus reglas físicas.

Esta distinción entre mensajeros, pasajeros y viajeros permite comprender el océano como una red de intercambios continuos. Juntas, estas tres categorías rompen la idea de un océano desordenado y refuerzan la visión central del libro: el mar es una máquina global estructurada, impulsada por el Sol y regida por leyes físicas simples pero poderosas.

En el fondo, Blue Machine sugiere que los humanos también formamos parte de esta clasificación. Recibimos mensajes del océano en forma de clima, temporales o cambios del nivel del mar; somos pasajeros del sistema climático global; y actuamos como viajeros a menudo torpes, alterando la máquina sin comprenderla del todo. Por eso entender a los mensajeros, pasajeros y viajeros del océano no es solo una cuestión científica, sino un requisito para asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos de un planeta dominado por el mar.

 

Referencias:

https://www.helenczerski.net/

https://es.wikipedia.org/wiki/Navegaci%C3%B3n_polinesia

‘Every bit of data is precious’: my life on a boat tracking how the ocean breathes | Oceans | The Guardian

Vídeos:

1.  The fascinating physics of everyday life (TED Talk): Helen Czerski: The fascinating physics of everyday life | TED Talk

2.      Turning whale earwax into data: Bing Vídeos

3.     We know more about the deep ocean than the moon: https://www.youtube.com/shorts/Y-n_If8Zphw

4.     The complex relationship between fish and pigs: https://youtu.be/7b71YfVpoAw

5.     How does the ocean help shape our world?: https://youtu.be/Ea3PjSskYn4

6.     Sound Waves: Using Sound: Sound Waves: Using Sound - Vídeo Dailymotion

7.     Coccolithophores and Calcium: https://youtu.be/EMNuYOEBOWI

8.     We Need to Talk About Physics: https://youtu.be/ubJ7iqLkXfs