lunes, 21 de enero de 2019

SIN MIEDO A LOS TIBURONES: buceando con el tiburón de arrecife del Caribe (Carcharhinus perezi)

Este artículo se publicó en la Revista AcuSub en el número 185
www.acusub.net
Texto: Mónica Alonso Ruiz
Muchos buceadores sentimos fascinación por los tiburones, quizá por su potencia depredadora, o por el “miedo” que nos han hecho sentir con películas como “Tiburón”. Una vez superado este miedo inicial, los que tenemos la inmensa suerte de practicar el deporte del buceo, soñamos con poder sumergirnos con ellos. Desafortunadamente los mares no están “infestados de tiburones” como se dice alguna vez, y la probabilidad de encontrarte con uno en la inmersión en nuestras costas es bastante reducida. Por ello algunos afortunados viajamos a lugares remotos donde encontrarnos con un tiburón es más fácil.
Vencer el miedo a estos animales ha supuesto para algunos de nosotros un considerable esfuerzo. Y la mejor manera para conseguirlo en mi caso, ha sido mediante el estudio de los mismos, en el cual puedes apreciar lo maravilloso de todas las facetas de estos animales, su evolución, su comportamiento y biología y su majestuosa natación. Una vez que hemos obtenido un pequeño conocimiento de las especies y de su biología y comportamiento, ya somos capaces de liberarnos de los falsos mitos y podemos realizar alguna actividad con ellos.
Foto: WikiHow
No es habitual encontrarse con un tiburón en nuestras costas, y salvo si se tiene la inmensa suerte de poder ir a ciertos lugares del mundo en los cuales los tiburones son más o menos frecuentes, muchos buceadores no han visto un tiburón en su vida. Las inmersiones que tienen por objeto el buceo con tiburones, sin que sean meros encuentros casuales, son una forma de que los buceadores puedan acercarse a estos animales en unas condiciones más o menos controladas cuando se les atrae con cebo.  Es una forma de hacer valer aquello de que “vale más un tiburón vivo que uno muerto”. 
En este artículo quiero reflexionar un poco sobre estas actividades y contaros la primera vez que tuve la oportunidad de hacer este tipo de actividad. Ello ocurrió cuando durante un viaje a Roatán que realicé hace unos años nos propusieron hacer una inmersión de buceo programado con tiburones de arrecife del Caribe. No me lo pensé, y finalmente resultó ser una de las mejores experiencias de mi vida subacuática, de la que pude aprender para ocasiones posteriores.

El miedo a los tiburones

Es inevitable para muchos tener miedo a los tiburones. El miedo es algo irracional e indudablemente también tiene una componente aprendida. En nuestro caso han sido el cine y las películas de monstruos los que nos han inducido a ese miedo, que algunos ya teníamos dentro de lo más profundo de nuestra mente.

Para describir el miedo a los tiburones quiero recurrir a las sabias palabras del psicólogo Antonio Bermejo, buceador y divulgador subacuático, que nos da su opinión y experiencia profesional:

“A veces confundimos lo que nos da miedo con lo que es peligroso. Lo cierto es que el miedo es una emoción necesaria para protegernos de peligros externos. Pero muchas veces el miedo proviene de fantasías y peligros internos que cuando son intensos e inhabilitantes pueden establecerse como fobias, pero que no se ajustan a una realidad externa.

Hay muchas cosas que producen miedo a determinadas personas, algunas de carácter muy global, pero que no representan un peligro real (los aviones, las ratas, las alturas, los espacios cerrados, el buceo....etc). Los tiburones dentro del contexto del buceo forman parte de esta categoría.


Foto: WikiHow

En el temor a los tiburones a mi entender se conjugan condicionantes psicológicos, culturales y antropológicos. El miedo a ser devorado por un ser que surge de las profundidades, es común a muchas culturas aunque se exprese de diferentes formas.

Los tiburones por sus características; aspecto fiero, cierto halo de misterio, moverse en un el entorno acuático donde nos sentimos especialmente desprotegidos, sobre todo si estamos en superficie, y algún que otro hecho grave pero anecdótico, ocasiona que dichos animales encajen perfectamente en el imaginario colectivo, como seres potencialmente dañinos. A ello también ayuda el lenguaje social que se refiere a ellos como "devoradores de hombres", "asesinos" o "bestias".

Pero cuando se analiza la situación desde un punto de vista racional, o experiencial, los que hemos tenido la inmensa fortuna de bucear con diferentes especies de escualos, notamos claramente que no supone un peligro real, y que lo máximo que obtenemos de ellos es en general cierta curiosidad cuando no indiferencia.

Al margen de situaciones y especies muy concretas, en términos genéricos bucear con tiburones es una experiencia fascinante, y totalmente segura utilizando el sentido común,  como siempre debe hacerse en cualquier actividad relacionada con el buceo.”

Leer estas reconfortantes palabras ayuda en gran manera a entender y superar nuestra prevención e indudablemente nos incita a interesarnos por los tiburones y por las actividades de buceo con ellos.

¿Por qué bucear con tiburones?

Cuando alguien ajeno al buceo nos hace esta pregunta, cada uno de los buceadores que practica esta modalidad tiene una respuesta diferente. Unos dicen que las inmersiones son más interesantes, que es todo un aliciente ver “bichos” cuanto más grandes mejor. Otros hablan de la componente de “riesgo” que tiene bucear con los “depredadores del mar”. Otros pensamos que los tiburones son fascinantes, y que son un grupo de animales que han demostrado tener una serie de habilidades llamativas, y que queremos conocerlos en su medio. También algunos pretendemos con esta actividad demostrar que el “riesgo” es controlado y desmitificar su imagen de depredadores despiadados que nos ha sido, y sigue siendo, transmitida por el cine y los medios de comunicación. Otros tratamos de vencer ese miedo que hemos sentido desde niños ante las fauces de un “animal comehombres”. Y finalmente, y para mí una de las más importantes desde el punto de vista práctico: con nuestra participación fomentamos el negocio del buceo con tiburones, dando valor al tiburón vivo frente a su pesca. Quizá entre vosotros hay alguno que incluso tiene otra razón diferente.



El tiburón de arrecife del Caribe Carcharhinus perezi

Esta especie de tiburón está presente solo en los arrecifes del Caribe y en las costas de Brasil. Tiene la forma característica de un tiburón típico de arrecife (o de tiburón gris, como a mí me gusta llamarles, aunque los tiburones grises sean otros en realidad). Quizá por ello el nombre de tiburón de arrecife del Caribe nos quiera mostrar simplemente lo que son, los más frecuentes en esa zona.

Tienen un cuerpo esbelto pero potente, con una aleta dorsal grande, color gris que pasa a blanco en su parte ventral, y con un morro redondeado y plano. Miden hasta 2.5 ó 3 m, tienen una segunda aleta dorsal pequeña, y una incisión en la base de la primera dorsal. Con estas características es difícil distinguirlo de las otras especies de arrecife del mundo.

En realidad todos los tiburones de arrecife son muy parecidos, y ante la dificultad de encontrase ejemplares de distintas especies en la misma localización, dado que el ámbito geográfico de cada uno es diferente, lo habitual es que los guías de buceo se sepan el nombre de la especie que uno se puede encontrar en cada caso. En el Caribe, esta es la especie de tiburón de arrecife más frecuente, y con la que más se bucea y con la que se realizan estas actividades de buceo programado.

Según Sarah Fowler, miembro de Shark Trust, y una autoridad en el mundo de la conservación de los tiburones, en Bahamas el negocio de buceo con esta especia produce al año unos 6 millones dólares. Y considerando esta cifra, se estima que cada animal está valorado entre 13 y 40 mil dólares, mucho más que los 50 o 60 dólares que se pagan por uno muerto.

Esta especie está considerada como “Casi Amenazada” según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y está incluida dentro del grupo de los Carcarínidos, donde también podemos encontrar tiburones muy diferentes, como el tiburón tigre (Galeocerdo cuvier), la tintorera (Prionace glauca), el jaquetón oceánico (Carcharhinus longimanus) y otros tiburones del género Carcharhinus (que son todos los que yo llamo “tiburones grises”, tan parecidos entre sí): C. amblyrhinchus, C. albimarginatus, C. altimus, C. falciformis, C. galapagensis. C. obscurus, C. plumbeus….


El lugar

Mi primera experiencia de buceo con tiburones tuvo lugar en la Isla de Roatán (Honduras), en el Mar Caribe, en un lugar llamado “Cara a cara”, situado en un arrecife sumergido de la zona sur de la isla, a una media milla de la costa. Partiendo del resort donde estábamos pasando nuestras vacaciones de buceo, situado en la zona norte de la isla, realizamos una navegación de una media hora, en condiciones de mar movida y cielo encapotado. Llevábamos una semana de buceo con un tiempo de tormenta continua y oscuridad de las aguas y en absoluto habíamos podido disfrutar de las aguas turquesas del Caribe. La navegación se hizo en un barco del resort, en realidad una excelente embarcación muy preparada para el buceo, pero la inmersión la realizábamos a través de un centro de la isla especializado en esta actividad de buceo con tiburones.

El responsable de este centro, Sergio, un italiano afincado en Honduras desde hace 18 años, cuando comenzó a realizarse la actividad de buceo con tiburones, es un enamorado de ellos, y cuando se enteró de mi interés por los escualos, enseguida entabló conversación con nosotros ya que éramos los únicos españoles y yo la única chica entre un grupo de toscos “americanotes”. Tuvimos una agradable charla sobre buceo con tiburones durante la travesía.



El “briefing”

Siguiendo las consignas de seguridad en el buceo, siempre se deben comenzar todas las inmersiones con una pequeña explicación por parte del guía. Y en el caso de una inmersión programada con tiburones podríamos decir que es lo más importante, dado que en esta charla se nos deben dar todo tipo de explicaciones y precauciones sobre una actividad novedosa en la inmersión.

En nuestro caso el “briefing” nos lo dio Sergio, como responsable de la inmersión, y se realizó en el propio barco, antes de comenzar la navegación, para asegurarse de que todo el mundo estaba en buenas condiciones para escuchar. Sergio nos explicó que la inmersión en sí no era complicada, se trataba de bajar por un cabo hasta unos 20 m de profundidad, para permanecer estacionarios a esa profundidad unos 25 minutos.

Nos indicó primeramente cual era el tipo de tiburón que íbamos a ver, y nos explicó que son animales fascinantes, que en particular el “perezi” come peces y no humanos y que es cierto que puede oler la sangre, la de los peces y no la de los humanos,  a mucha distancia; que por ello se les atrae con cebo sin sangre, muy poco cebo en realidad y que cuando nos tiráramos al mar no íbamos a encontrarnos a los tiburones “esperándonos con las fauces abiertas” como algunos pudieran pensar.

Como veis lo primero que hizo fue desmitificar la mala imagen del tiburón y explicarnos sencillamente lo que nos íbamos a encontrar. El grupo de buceadores que participábamos en esa ocasión era muy variopinto y por lo poco que conocía a algunos de ellos podía pensar que muchos estaban esperando un espectáculo sangriento con tiburones atacando a los buzos.


Foto: Anthony’s Key Resort

Explicó que se trataba de un grupo de unos 15 ejemplares de hembras, muy conocidas por el propio Sergio y sus colaboradores, que iban a aparecer abajo (nunca en superficie), una vez que él se sumergiera con el cubo agujereado de cebo que llevaría y que bajaría en primer lugar a la zona donde íbamos a estar, en un arenal delante de una pared de coral. La idea era que los buceadores (15 clientes en total, más los asistentes del centro y de nuestro resort) se situaran apoyados en la arena delante de la pared y que permaneciéramos apoyados en el fondo. De esta manera los tiburones iban a pasar por delante de nosotros en contra de la corriente, teniendo nuestra espalda cubierta. Nos explicó que la verdadera dificultad de la experiencia radicaba en la presencia de olas en superficie y corriente fuerte y por ello teníamos que bajar agarrados por el cabo, y que no presentaba ninguna dificultad ni peligro la presencia de los tiburones, los cuales nunca se acercarían a nosotros si no fuera por el cebo.

Foto: Antonio Busiello

Las condiciones para el buceo

Una vez preparados, y cuando Sergio se sumergió por el cabo, con el cubo de cebo cerrado en su mano, empezamos a bajar. El mar estaba movido y gris, y yo en particular, tras días bajo la lluvia, presentaba un ligero bloqueo nasal, y las molestias que en mí son desgraciadamente “habituales” cuando llevo varios días buceando, como es la dificultad para compensar por el difícil drenaje de mis oídos. La visibilidad era mala y la corriente menor de la que me esperaba, pero suficiente para tener que bajar con una mano en el cabo, ciertamente inclinado especialmente en superficie.

Tardé casi 10 minutos en poder llegar al fondo, bajando muy despacio y compensando mis oídos cada medio metro, mientras me decía que era posible que no pudiera conseguir llegar abajo. No estaba dispuesta a hacerme daño en los oídos, y ello implicaba que posiblemente tuviera que abortar mi descenso, como me ocurre a veces en otras inmersiones. Los tiburones no me preocupaban, mis oídos sí. Mi marido, Luis, mi compañero de buceo, estaba junto a mí, bien para ayudarme a subir en caso de no poder finalmente compensar, o para estar a mi lado en todo momento.

Cara a cara con los tiburones de arrecife

Estaba tan absorta en compensar mis oídos que casi no me di ni cuenta que se vislumbraban unas sombras alargadas e hidrodinámicas que pasaban por debajo de mí. Llegué al fondo y allí estábamos todos. El espectáculo y la acción habían comenzado sin mí. El grupo compacto de clientes se situaba en línea al abrigo de un mogote de coral que nos protegía las espaldas. Me dejaron un hueco en el fondo junto al cabo y nos situamos sin saberlo junto al cubo de cebo.

Es impresionante estar frente a estos animales, que pasaban nadando majestuosamente por delante de nosotros ¡¡tan cerca!! sin inmutarse por nuestra presencia, pero sin duda activados por el olor del cebo.


Foto: Anthony’s Key Resort

Enseguida me di cuenta de que el cubo con el cebo estaba a mi izquierda, escoltado por Sergio….y por una masa de unos 80 cm, que se movía delante de mí….al fin pude ver que era un enorme mero tropical que estaba acechando el cubo, tan cerca que tuve que apartarlo para que me dejara sitio para estar cómoda. El simpático mero era un habitante de la pared de coral de nuestra espalda y sin duda espectador habitual de esta experiencia.


Foto: Anthony’s Key Resort

Tras unos minutos de relativa acción, con los tiburones pasando, el mero observando, y los buceadores haciendo fotos sin parar, me di cuenta de que no nos daban la señal para poder nadar entre los tiburones antes de abrir el cubo de cebo. Nos habían dicho en el “briefing” que si no había corriente podríamos hacerlo, pero con la corriente que había, y creo yo que con la poca experiencia de alguno de los buceadores, por no hablar de la obesidad y falta de forma física de algunos de ellos, pues decidieron no permitirnos nadar con ellos, no fuera que tuvieran que ir a buscar a alguno que se dejara arrastrar por la corriente.


Foto: Anthony’s Key Resort

Sergio se puso en el arenal delante de nosotros, con el cubo en sus manos. Llevaba guantes de cota de malla, precaución necesaria cuando se maneja cebo entre tiburones. Con un golpe de aleta se elevó levantando la tapa del cubo, y se alzó por encima de la cota de los tiburones, que se lanzaron en forma de masa descontrolada a por el pescado del cubo. En realizad no hubo el “frenesí alimentario” que yo había visto en vídeos de otras actividades parecidas a esta, más bien una maraña de animales buscando algo. Estaba claro que la comida era tan poca que yo no vi trozos de pescado por ningún lado.

Foto: Antonio Busiello


Foto: Antonio Busiello


Foto: Antonio Busiello


Tras acabar aparentemente con el cebo que había en el cubo, algunos ejemplares se fueron pero otros siguieron rondando la zona unos minutos más. Al fin supe por qué no se iban: en ese momento Sergio levantó una piedra que ocultaba un resto de cebo, que sin duda había escondido él mismo cuando bajó el primero, y que tenía la finalidad de “prolongar” un poco más la experiencia de los tiburones nadando en torno a nosotros.

Acabado todo el cebo, los tiburones desaparecieron y los buceadores se lanzaron al arenal a buscar los dientes que se les caen a los escualos cuando comen: ese era el premio por habernos estado quietos observando. Tras ello ya no había nada que hacer allí y comenzamos el ascenso.

Finalizada la actividad, tras la pertinente parada de seguridad, yo estaba feliz en el barco. Había conseguido bajar (no sin esfuerzo) y disfrutado mucho de la inmersión. Lo de que la experiencia es un “subidón de adrenalina” en este caso y para mí no es cierto, pues me sentí cómoda y fascinada. Estaba claro que de forma definitiva había expulsado “mi miedo” de mi cabeza, y había quedado tan solo una pequeña prevención por estar delante de un animal salvaje en su medio. Ahora este miedo había sido desplazado por una especie de fascinación que ya no me iba a abandonar nunca.

Conclusiones e interrogantes 

En el trayecto de vuelta, y ya en casa, me surgieron algunos interrogantes, relacionados con las razones por las que se bucea con tiburones.

Con estas prácticas, ¿se modifica la conducta del tiburón frente a los humanos? Indudablemente algo sí, aunque no se les “alimente”. 

¿Se contribuye a “salvar” a los tiburones? ¿Se da valor al tiburón vivo frente al tiburón muerto? Pues está claro que estas actividades en muchos países han contribuido a que ciertos pescadores de tiburones abandonen su actividad por una más lucrativa como es el buceo con ellos.

¿O quizá solo se ve cumplido el deseo del buceador “friki”? Muy posiblemente muchos, tras esta experiencia, ya tienen batallas que contar a buceadores y no buceadores, con independencia de lo que hayan sentido.

¿Realmente se consiguen defensores de los tiburones? Personalmente creo que sí, porque por muy insensible que seas a la conservación de estos animales, una vez que te sumerges con ellos siempre tratas de que no desaparezcan de nuestros mares: creo firmemente que conocer es el primer paso para protegerlos.

¿Y qué fue del miedo? En mi caso desapareció, y me quedaron unas ganas enormes de poder encontrarme más veces con tiburones bajo el agua, ya sea de manera espontánea o a través de este tipo de actividades.

Ahí os quedan estas reflexiones, para que todos las pensemos y adoptemos nuestra posición al respecto.