El tiburón de Galápagos. Foto: Doug Perrine. Fuente: Florida Museum
El 27 de septiembre de 2025, Mauricio Hoyos Padilla, uno de los mayores expertos en tiburones del mundo, vivió una experiencia que casi le cuesta la vida… y sin embargo la comparte con humor y serenidad.
Todo ocurrió en la Isla del Coco, ese paraíso submarino en el Pacífico
costarricense donde abundan tiburones martillo, punta blanca y galapagueños.
Mauricio estaba liderando una expedición científica, como tantas otras desde
1998 en lugares como Isla Guadalupe, Malpelo, Clipperton o Cancún. En esta
inmersión el objetivo era marcar a un tiburón galapagueño (Carcharhinus
galapagensis) con un transmisor para seguir sus movimientos y estudiar su
comportamiento. Pero el tiburón no estaba de humor.
El accidente
Mauricio se encontraba a 37 metros de profundidad. Acababa de instalar el
dispositivo con su arpón hawaiano en la base de la aleta dorsal, donde el
animal tiene una capa muscular más gruesa y no se le lastima tanto, y se
disponía a tomar notas en su tablilla. Súbitamente el escualo, una hembra excepcionalmente
grande, de unos cuatro metros de largo, giró bruscamente y le mordió la cabeza.
Sí, la cabeza. “Sentí cómo me crujía el cráneo”, contó después. El
mordisco le alcanzó el cuero cabelludo, la oreja izquierda y parte de la cara.
Su máscara se llenó de sangre y agua, y el latiguillo del aire quedó cortado.
A pesar del susto, Mauricio mantuvo la calma. Subió lentamente para evitar
problemas de descompresión, mientras su compañero vigilaba al tiburón, que
seguía cerca y podría ser potencialmente peligroso.
El perfil de la inmersión que el propio Mauricio publicó en sus redes sociales
Ya en el bote, comenzó una odisea de evacuación que duró más de 36 horas: primero le aplicaron primeros auxilios en la propia isla, luego 30 horas de navegación hasta Puntarenas, y finalmente 100 km por carretera hasta San José, con personal médico y de emergencia acompañándolo.
Las cicatrices en su cara y cabeza, con 29 marcas de dientes, son ahora
parte de su historia. “Una pulgada más arriba y te quita el ojo; una más
abajo y adiós al cuello”, le dijo el cirujano.
Estrategia defensiva
Pero lo más interesante es cómo Mauricio interpreta lo que pasó. No lo ve
como un ataque, sino como una reacción de autodefensa. “Yo era el animal más
vulnerable en ese momento, y ella no hizo más que marcar sus dientes y
soltarme. Me perdonó la vida”, dice.
Y lo dice en serio.
Pocos días después del accidente, Mauricio nos sorprendió contando
personalmente el incidente en redes sociales, con un vídeo desde la propia
clínica de Costa Rica donde se recuperaba.
La ciencia lo respalda. Un estudio reciente liderado por Eric E. Clua,
publicado en Frontiers in Conservation Science, analiza más de 300
mordeduras de tiburón y concluye que la mayoría no son ataques, sino respuestas
defensivas. Especialmente cuando los humanos usan arpones o redes, los
tiburones reaccionan como cualquier otro animal salvaje: se defienden.
El nombre del estudio es muy expresivo en este sentido: La ley del
Talión "diente por diente": la autodefensa como motivación de las
mordeduras de tiburón a agresores humanos.
Imagen del estudio realizado por Eric Clua y publicado en la revista
Frontiers in Conservation Science en abril de 2025
Se suelen registrar unas 100 mordeduras de tiburón al año en todo el mundo
y el 10% de ellas son mortales. En este estudio se sugiere que la mayoría de
las mordeduras registradas en el mundo ocurrieron cuando el animal se sintió
intimidado por los humanos.
Los tiburones pueden morder como respuesta a una acción humana que perciben
como amenaza. Ciertas actividades humanas en el mar, como el intento de
tocarlos o invadir su territorio, o la pesca y, en particular, la pesca
submarina con arpón y la gestión de trampas pasivas para peces, están asociadas
a este tipo de mordeduras.
Sin embargo, las mordeduras defensivas suelen ser menos graves, porque no
buscan alimentarse sino protegerse.
Mauricio lo sabe bien. Ha trabajado con tiburones blancos, los más grandes
y potencialmente los más peligrosos. Ha dado muchas conferencias sobre ellos, y
siempre ha explicado que los tiburones no son asesinos: son animales salvajes,
sí, pero no buscan atacar sin motivo. De hecho, el método que estaba utilizando
para marcar tiburones, sumergido y con arpón hawaiana, es de los menos
invasivos para el animal. Aunque, como hemos visto, no está exento de riesgos.
Hace unos años asistí a una conferencia de Mauricio sobre investigaciones y
marcaje de tiburones en las Islas Galápagos. Cuando uno de los asistentes le
preguntó sobre si el animal podría estar molesto al recibir el arponazo, nos explicó
que efectivamente, inmediatamente después, viendo su expresión corporal parece
que están unos minutos molestos, pero esto suele ser pasajero. Ahora ha sufrido
las consecuencias de esa molestia que se le inflige al animal.
Como hemos podido ver en algunos documentales, existen otras formas mucho
más agresivas de marcaje de tiburones, sacando al animal del agua, previa
atracción con cebo, pero estas perturban mucho más al animal. Incluso les deja
secuelas cuando el dispositivo de marcaje que se pone en la aleta dorsal es muy
grande y se fija mediante tornillos que, en la mayoría de los casos produce la
necrosis de gran parte de la aleta.
El tiburón de Galápagos
El tiburón de Galápagos (Carcharhinus galapagensis) pertenece a la
familia Carcharhinidae y su nombre se debe a que fue identificado por primera
vez en las Islas Galápagos en 1905, aunque no es exclusivo de este archipiélago,
dado que habita en determinados puntos de aguas tropicales en todo el mundo,
especialmente alrededor de islas oceánicas.
El tiburón de Galápagos. Foto: Doug Perrine. Fuente: Florida Museum
Puede alcanzar los 3,7 m de longitud, y tiene un color gris o marrón en la
parte superior y más claro en la parte inferior. Su cuerpo es robusto y
fusiforme, con morro redondeado, aletas pectorales largas y puntiagudas, y una
aleta dorsal alta y ligeramente redondeada. Su identificación no es sencilla y
es habitual que se le confunda con otros tiburones de su familia.
Características del tiburón de Galápagos. Fuente: IATTC
Prefiere aguas cálidas y claras, especialmente en arrecifes y plataformas
continentales y se encuentra en el Pacífico (Galápagos, Hawái, Baja
California), el Atlántico (Bermudas, Cabo Verde) y el Índico (Madagascar).
Es un depredador activo y oportunista: es carnívoro y se alimenta
principalmente de peces óseos, calamares, pulpos y rayas. Los ejemplares
grandes pueden alimentarse de otros tiburones, iguanas marinas e incluso de lobos
marinos.
Aunque es curioso y se acerca a buzos y embarcaciones, rara vez representa
un peligro para los humanos.
Es vivíparo, lo que significa que da a luz crías vivas y las hembras pueden
tener camadas de 4 a 16 crías tras una gestación de aproximadamente un año. Los
juveniles permanecen en aguas poco profundas para evitar depredadores.
El tiburón de Galápagos se captura de manera incidental en pesquerías
comerciales y artesanales con palangre, redes de cerco y redes de enmalle,
tanto en aguas oceánicas pelágicas como alrededor de islas y montes submarinos.
La sobrepesca ha agotado la especie en algunas zonas, como en las Rocas de San
Pablo, Brasil, pero también es probable que haya ocurrido en otros lugares
donde la pesca es intensa y no regulada, como por ejemplo en Madagascar.
Existe poca información publicada sobre el uso y el comercio de esta
especie. Generalmente, se utilizan su carne y aletas, salvo en ciertos lugares
donde está prohibida su captura. Las aletas se suelen vender en el comercio
internacional, y en algunas regiones la carne se vende fresca para consumo
local y seca para el comercio internacional.
Está protegido en algunas zonas como las Islas Galápagos, Costa Rica y
Colombia. Sin embargo, la pesca ilegal en reservas marinas sigue siendo un
problema que podría llevar a la especie a problemas de conservación.
Contando la experiencia. Las conclusiones de lo ocurrido
Ya desde la clínica, y en los días posteriores al accidente, Mauricio ha
compartido su experiencia en redes sociales, publicando viñetas humorísticas
sobre el incidente, dejando claro que fue un accidente.
Mauricio ha compartido estas viñetas en sus redes sociales tras el incidente
La experiencia del biólogo marino Mauricio Hoyos en la Isla del Coco, Costa
Rica, ofrece una valiosa perspectiva sobre el comportamiento defensivo de los
tiburones y la importancia de comprender el contexto de estos encuentros.
Pone de relieve los riesgos inherentes al trabajo científico en ambientes
marinos, incluso para expertos altamente capacitados.
El incidente no fue un ataque agresivo, sino un mordisco de defensa. El
tiburón no persistió en el ataque, lo que apoya esta interpretación.
Además, el relato de Hoyos destaca la importancia de la respuesta médica
rápida y profesional, así como el valor de la cooperación entre científicos,
guardaparques y personal médico en zonas remotas.
Mauricio muestra en redes sociales su pública admiración por los
tiburones de Galápagos, incluso después de sufrir un mordisco
Este accidente nos hace pensar que deberíamos cambiar la forma en que
hablamos de los tiburones: menos sensacionalismo y más información científica
para entender su comportamiento.
Referencias
https://www.crhoy.com/biologo-mauricio-hoyos-se-recupera-tras-ataque-de-tiburon-en-la-isla-del-coco/
https://www.crhoy.com/biologo-mauricio-hoyos-se-recupera-tras-ataque-de-tiburon-en-la-isla-del-coco/
Vídeo en EL País: https://youtu.be/Gh6JRydQKvs
Artículo del estudio de Eric Clua: https://www.frontiersin.org/journals/conservation-science/articles/10.3389/fcosc.2025.1562502/pdf
Tiburón
de Galápagos:
https://shark-references.com/species/view/Carcharhinus-galapagensis
https://www.floridamuseum.ufl.edu/discover-fish/species-profiles/galapagos-shark/
https://www.iattc.org/es-ES/Resources/Species/Detail/CCG
Mauricio nos sorprendió el día de su cumpleaños, publicando una
viñeta sobre su relación con los tiburones
La foto del perfil en redes sociales de Mauricio nos muestra las
cicatrices que le han quedado en la cara




