martes, 7 de octubre de 2014

MANTAS: LOS GIGANTES ALADOS DEL MAR


Las mantas son quizá uno de los grupos de animales marinos más emblemáticos y característicos del océano. Muchos buceadores hemos incluido el buceo con ellas en nuestra lista particular de deseos submarinos. Estos seres tienen el cerebro más grande de todos los peces y su curiosidad y su apariencia amigable les hacen parecer las criaturas más cautivadoras para observar e interactuar con ellas en el agua.



Manta gigante (Manta birrostris)
en Myanmar
(Foto: Daniel van Duinkerken. Marine
Megafauna Foundation)

Han nacido para una vida en continuo movimiento, pues deben nadar para poder sobrevivir. Propulsándose con los potentes movimientos de sus aletas pectorales con forma de alas, siguen las corrientes oceánicas en busca de las aglomeraciones de plancton de las que se alimentan.

El nombre de manta viene de la palabra española, y en el idioma maldivo manta se refiere a las rayas que comen peces pequeños. Son términos muy descriptivos de cómo son estos animales.

Pero, ¿qué son estos misteriosos animales?. Son peces del tipo elasmobranquio (tiburones y rayas), de esqueleto cartilaginoso, y pertenecen al orden de las rayas. Las mantas o mantarrayas pertenecen a una pequeña familia de rayas denominadas Mobulidos. Esta familia presenta dos géneros: Mobula (9 especies) y Manta (2 especies). La característica distintiva de los mobulidos es que son peces filtradores con un sistema de alimentación específico (los peines branquiales) que utilizan para extraer el plancton del agua. A diferencia de la mayoría del resto de las rayas no poseen aguijón venenoso en su cola. Estos animales dejaron de habitar los fondos marinos al desarrollar sus potentes aletas pectorales para permitirles nadar largas distancias y sumergirse a grandes profundidades. Se cree que aparecieron hace unos 5 millones de años, muy poco tiempo si se compara con la aparición de sus primos, los tiburones, hace 400 millones de años.


Manta de arrecife (Manta alfredi) en Australia.
Suprema elegancia natatoria de estos animales.
(Foto: Daniel van Duinkerken. Marine Megafauna
Foundation)

La diferencia entre las mantas y las mobulas está en la posición de su boca: en las mantas la boca se sitúa en su parte frontal, mientras que en las mobulas la boca se sitúa en su parte inferior. En este artículo hablaremos solamente de las mantas y de sus dos especies.

Las dos especies de mantas, la manta gigante oceánica (Manta birostris) y la manta de arrecife (Manta alfredi), se reclasificaron en 2009, pues anteriormente se consideraba que eran una sola especie.

Se pueden encontrar mantas en las zonas tropicales y aguas cálidas del mundo y aunque los hábitats de las dos especies se solapan, la distribución de las mismas en el océano es uno de los factores para separar ambas especies. Las mantas de arrecife, como su nombre sugiere, se suelen encontrar en las aguas superficiales y costeras, así como en los alrededores de las islas oceánicas. Son animales residentes de unas zonas determinadas, y realizan migraciones locales, siguiendo los cambios en la distribución y abundancia del plancton. Las mantas gigantes son mucho más migratorias, vagando por los océanos. Se las puede ver cerca de las costas cuando se producen surgencias de plancton desde el fondo marino, en islas oceánicas y alrededor de montañas submarinas, con una frecuencia de aparición de los mismos ejemplares mucho menor que la de las mantas de arrecife, pues pueden pasar años, e incluso décadas entre avistamientos de un mismo ejemplar en la misma zona. Incluso se aventuran en aguas más frías de latitudes mayores. Su naturaleza esquiva y migratoria hace que sepamos mucho menos de estos gigantes que de las de arrecife.

Manta de arrecife (Manta alfredi)
en australia. A pesar de que esta es la especie
de menor tamaño, en comparación con la
especie gigante, el tamaño es considerable
frente a los buceadores.
(Foto Daniel van Duinkerken. Marine Megafauna
Foundation)
Las dos especies de mantas comparten similares siluetas características, distintivas de las mantas. Tienen cuerpos anchos con forma de rombo, con la boca en su parte frontal. A cada lado de su enorme boca se sitúan un par de aletas cefálicas. Estas aletas sirven para canalizar el flujo de plancton hacia sus bocas. También las pueden enrollar en lo que parecen dos cuernos; por esta característica se les ha llamado también “rayas diablo”. Ambas especies poseen coloración negra en su parte dorsal, y blanca en su parte ventral. Las dos caras tienen formas o manchas distintivas de cada individuo. Esto es muy importante para los investigadores, pues estas manchas no cambian con el tiempo y son únicas para cada individuo, lo que les permite identificar a los ejemplares de manera visual. Mediante la documentación gráfica de individuos de diferentes zonas se ha conseguido obtener grandes bases de datos y patrones migratorios, lo que ha permitido el conocimiento de las diferentes poblaciones.


Manta gigante. en la foto se puede apreciar su tamaño,
comparado  con el de los buceadores.
(Foto Andrea Marshall. Marine Megafauna Foundation)
Pero también existen diferencias entre las dos especies. La primera de ellas es el tamaño, pues las mantas de arrecife suelen medir entre 3 y 3,5 m de envergadura, mientras que las mantas gigantes suelen ser mucho mayores, llegando a alcanzar en algunos casos hasta 7 metros de envergadura. Incluso parece que la forma de las manchas negras de su dorso diferencian ambas especies, pues las oceánicas gigantes suelen tener una forma de T, mientras que las de arrecife tienen una forma de Y.

A pesar de que son de las criaturas más grandes del océano, las mantas se alimentan exclusivamente de los animales más pequeños del mundo marino, el plancton. Del zooplancton, compuesto de pequeños animalitos, tales como crustáceos, gusanos, gambas, larvas y huevos, las mantas obtienen su fuente de proteínas.


Manta de arrecife (Manta alfredi) en Mozambique. La especie de arrecife es más frecuente verla junto a las formaciones coralinas. (Foto Daniel van Duinkerken. Marine Magafauna Foundation)

Las mantas han evolucionado mucho para poder alimentarse de este tipo de presas, pues han transformado su cuerpo en máquinas filtradoras, desenrollando sus aletas cefálicas para ayudar a encauzar el flujo de agua hacia sus enormes bocas. Ingieren grandes cantidades de agua que fluye de dentro a fuera a través de cinco pares de hendiduras branquiales las cuales capturan cualquier organismo mayor de un grano de arena.

Manta de arrecife (Manta alfredi) en Mozambique. Este ejemplar
apenas presenta manchas en su parte inferior
(Foto: Daniel van Duinkerken. Marine Megafauna
Foundation)
La conducta de las mantas se caracteriza por las migraciones que realizan en busca de su alimento. Mientras que las mantas de arrecife frecuentan en cada momento los lugares en los cuales se produce una mayor concentración de plancton, las mantas gigantes siguen un patrón más regular, en cuanto a que siguen las migraciones oceánicas del plancton. Estas últimas se consideran viajeros del océano, siguiendo las corrientes oceánicas y desplazándose grandes distancias en busca de las afluencias estacionales de plancton. El análisis de los datos de seguimiento de mantas por satélite ha revelado que son capaces de desplazarse a grandes distancias en breves periodos de tiempo.

Ambas especies interactúan con diversas especies marinas. Sus enormes cuerpos sirven de refugio a las rémoras, y algunos peces pequeños pueden desplazarse siguiendo la onda de presión que generan al nadar. Sus cuerpos también albergan una variedad de parásitos. Las mantas usan estaciones de limpieza para liberarse de estos parásitos, en una especie de relación simbiótica con los peces, que de manera “desinteresada” limpian la enorme superficie de sus cuerpos a cambio del alimento que suponen los parásitos.

Manta gigante (Manta birrostris)
en Mozambique. Las rémoras son pasajeros habituales
en estos gigantes viajeros.
Mucho de lo que sabemos de la reproducción de las mantas se ha aprendido de las poblaciones de mantas de arrecife, pues tan solo se ha conseguido algún avistamiento de cópula entre mantas oceánicas. Los rituales de apareamiento pueden ser fascinantes de presenciar, por su gran valor plástico y estético. A veces se prolongan durante días e incluso semanas. Los machos se dirigen a las estaciones de limpieza, donde las hembras suelen pasar varias horas cada día. Cuando el macho encuentra una hembra dispuesta para la cópula, la persigue. Estas persecuciones, conocidas como trenes de apareamiento, han sido documentadas muchas veces y en ocasiones se han visto hasta 25 machos persiguiendo a la misma hembra. La hembra lidera la marcha serpenteante, en la que se suceden las piruetas, incluso saltando fuera del agua. Se cree que es un test de fortaleza y perseverancia de los machos. Finalmente la hembra selecciona un macho con el que aparearse. El apareamiento suele ocurrir cerca de la superficie y se realiza encarándose ambas partes ventrales, el macho agarrando una de las aletas de la hembra con su boca. La cópula dura tan solo unos pocos minutos, con la pareja, con flotabilidad negativa, va cayendo en la columna de agua.

Las mantas son ovovivíparas, es decir, desarrollan sus huevos dentro de la madre, hasta que están listos para eclosionar. La gestación suele durar un año y en general se consigue una sola cría. Las crías, que tienen un tamaño de 1,5 a 2 m cuando nacen, son réplicas en miniatura de sus padres y son autosuficientes al nacer.

Los largos periodos de gestación, con resultado de una sola cría, con tardía madurez sexual y crecimiento lento, hacen a las mantas extremadamente vulnerables a cualquier explotación pesquera.

El ser humano es el depredador más peligroso para las mantas, pues en la actualidad estos animales afrontan la amenaza de las pesquerías, tanto si se trata de especie objetivo o pesca accidental, dado el valor económico de sus branquias en el mercado chino. La medicina tradicional china de nuevo es la causante de problemas para una especie marina o terrestre. Ya vimos en números anteriores los estragos que causaban las tradiciones chinas en la conservación de los tiburones. Pues bien, la medicina china afirma que las agallas de las mantas poseen poderes curativos, aunque esta afirmación no se soporta sobre estudios científicos.

Ambas especies de mantas están incluidas en la lista roja de la IUCN (Organización Internacional para la Conservación de la Naturaleza) como vulnerables. En marzo de 2013 las mantas se incluyeron en el apéndice II de CITES (ya publicamos una referencia a esto en números anteriores de la revista), que persigue asegurar que el comercio de productos de estas especies está controlado internacionalmente. Esta legislación entrará en vigor en septiembre de 2014.








Manta de arrecife (Manta alfredi) preñada capturada en una red en Guinjata, en Mozambique. En pocos minutos los pescadores sacaron las crías no natas, trocearon el animal, sus aletas puede que fueran a parar al mercado chino de aletas, y sus branquias probablemente también fueran vendidas, dado su gran valor en el mercado chino de branquias. El resto del animal probablemente se vendió para el consumo de su carne. 
(Foto: Adam Baug)


A pesar del hecho de que las mantas son el objeto de fascinación de muchos buceadores, tan solo se han realizado estudios sobre ellas durante las últimas décadas. Lo que hemos aprendido de ellas hasta el momento es tan solo una muestra de lo que aún queda por conocer, por lo que es preciso que se realicen estudios más detallados si queremos realmente conocerlas y protegerlas. Ya se han producido descensos en algunas poblaciones locales de mantas, al ser unos animales increíblemente frágiles frente a la presión pesquera, lo que les ha llevado al límite de su capacidad de supervivencia, incluso antes de que podamos conocerlas bien.

Sin embargo las mantas tienen sus ángeles de la guarda entre las organizaciones conservacionistas. Existen algunas organizaciones que se dedican a la investigación y a la protección de estos animales. Una de estas organizaciones es Marine Megafauna Foundation.

La Marine Megafauna Foundation (MMF) se constituyó para la investigación, protección y conservación de las grandes poblaciones amenazadas de fauna marina de gran tamaño (mantas, tiburones ballena, tortugas y mamíferos marinos) a lo largo de la costa de Mozambique, en 2003, si bien desde 2009 el ámbito de acción de la fundación se ha extendido a todo el mundo (Ecuador, Méjico, Belize, Myanmar, Indonesia, Qatar, Tanzania y Brasil). Andrea Marshall, alma mater de la fundación, desarrolla su trabajo de investigación en el campo de las mantas. Ha sido la primera persona en el mundo en desarrollar una tesis doctoral sobre estos animales. Después de más de una década de investigación, el programa de investigación de Andrea desarrolla aspectos de la biología, ecología reproductiva, hábitat, migraciones y conducta social de las mantas. Andrea es la responsable del descubrimiento de la nueva especie de mantas gigantes oceánicas en 2008. En los últimos 3 años Andrea ha viajado por una docena de países en los cinco continentes en una serie de expediciones dentro de un programa denominado “Manta Ray of Hope”.

Manta de arrecife (Manta alfredi) en Mozambique. Se puede
apreciar la etiqueta que se le ha colocado, con el
objetivo de estudiar sus movimientos.
(Foto: Danial van Duinkerken. Marine Megafauna
Foundation)
En Mozambique, cuartel general de la Fundación, coexisten las dos especies de mantas, habiendo muy pocos lugares en el mundo donde esto ocurre. En el sur de Ecuador, lugar estrella de investigación de la fundación, se encuentra la mayor población de mantas gigantes del mundo, con algunos ejemplares de tamaño récord.  Los proyectos internacionales de investigación de la Fundación tienen como objetivo definir la estructura y tamaño de sus poblaciones, identificación de hábitats críticos locales y obtención de datos biológicos y ecológicos sobre estas mantas gigantes.

El equipo de Andrea Marshall ha desarrollado un sistema de fotoidentificación de individuos, basado en la caracterización individual a través de las manchas de sus caras dorsales y frontales: se trata del programa Manta Matcher, la primera base de datos automatizada sobre mantas. Con este instrumento los investigadores de la Fundación han conseguido establecer estimaciones sobre el tamaño de la población de mantas de arrecife (unos 1500 ejemplares) en la zona del sur de Mozambique, considerándose una de las zonas de mayor congregación de mantas de arrecife del planeta. En sus últimas publicaciones se ha constatado un sorprendente descenso en los avistamientos de mantas de arrecife en esta zona. Se cree que este descenso es debido a la pesca directa de esta especie y parcialmente debido a la creciente  presencia de redes como método indiscriminado de pesca en esta zona. Parece que las poblaciones de mantas gigantes no se han visto tan afectadas por estas prácticas, debido a que son poblaciones ocasionales en la zona.

Manta gigante (Manta birrostris)
en Mozambique. Las manchas de la parte inferior
permiten su identificación.
(Foto: Daniel van Duinkerken. Marine Magafauna Foundation)
El estudio de los factores migratorios de las grandes mantas también ha sido objetivo de la Fundación, y para ello se han utilizado tanto el seguimiento por satélite como la telemetría acústica de ejemplares marcados en colaboración con otros investigadores a nivel mundial.
Desde 2003, los investigadores de la Fundación han desarrollado la mayor base de datos genética de mantas del mundo, tomando muestras de animales en todo el mundo. Las muestras se toman sobre fragmentos de piel de las aletas pectorales y han servido de base para la identificación de las dos especies de mantas.

Andrea ha conseguido identificar la existencia de una tercera especie de manta, que se plantea sea descrita para su oficialización en breve.

El ecoturismo se ha demostrado como una forma excelente de generación de un equilibrio positivo y sostenible entre la protección de las poblaciones de animales y la creación de una alternativa económicamente viable a la pesca. Los informes de la Fundación, junto con otros organismos, indican que el turismo mundial basado en avistamiento de mantas se estima en 50 millones de dólares al año. Esta cifra indica el potencial económico del turismo, frente a la pesca de estos animales, que produce un beneficio de 250 a 500 dólares por ejemplar. Se están realizando estudios económicos locales detallados para cuantificar esta comparación a nivel local.

Los científicos de la Fundación son conscientes de los impactos que también provoca el buceo con mantas, y por ello están trabajando en cómo reducir estos impactos, mediante la producción de material educativo, el desarrollo de un código de conducta en presencia de mantas, e incluso en el codesarrollo de una especialidad de naturalista de PADI enfocado al mundo de las mantas.

Nos encontramos con un animal maravilloso y enigmático, con un enorme carisma y que nos llama poderosamente la atención a los buceadores. Sin embargo es un ser en peligro, que puede desaparecer de nuestros mares incluso antes de que lo conozcamos en profundidad. Aprendamos todo lo que podamos de él y contribuyamos a su conservación.

Más información y vídeos:


Este artículo se publicó por Mónica Alonso en la Revista Acusub, en el número 138 (www.acusub.net)